Religiosidad y espiritualidad en el trastorno bipolar del humor


Drs. André StroppaI & Alexander Moreira-Almeida

https://www.scielo.br/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0101-60832009000500003%20%20

Traducción: Silver Chiquero

RESUMEN

CONTEXTO: En los últimos veinte años, estudios sistematizados han identificado una relación positiva entre religiosidad/espiritualidad (R/E) y salud, destacadamente salud mental. Mientras tanto, son escasas las informaciones sobre R/E y el trastorno bipolar del humor (TBH). Este artículo tiene el objetivo de revisar las evidencias disponibles sobre estas relaciones.

MÉTODOS: Fueron cruzadas las palabras "bipolar", "manía" y "maníaco" con las palabras "religio*" y "espíritu*" en las bases de datos PubMed y PsychINFO en noviembre de 2008. Fueron encontrados 122 artículos publicados entre los años 1957 y 2008.

RESULTADO: Los estudios señalan que los pacientes bipolares tienden a presentar una mayor implicación religioso/espiritual, mayor frecuencia de relatos de conversión y experiencias de salvación y un uso más frecuente de coping religioso-espiritual, recursos comunitarios y comunidades tradicionales.

CONCLUSIÓN: El TBH y la R/E poseen una intensa y completa interrelación. Estudios sobre prácticas religiosas saludables, espiritualidad y recursos de coping merecen ser ampliados, bien por su relación con el cumplimiento del tratamiento y las recurrencias de la enfermedad a las intervenciones psicoterapéuticas y la psicoeducación de base espiritual.

Palabras clave: Trastorno bipolar, espiritualidad, religiosidad.


Introducción

La religiosidad y la espiritualidad (R/E) son aspectos importantes en la vida de la mayoría de las personas y en la cultura de la mayoría de los pueblos. Desde la antigüedad, espiritualidad y salud estuvieron íntimamente relacionadas. En occidente, los religiosos se ocuparon de los cuidados a las personas enfermas desde la Edad Media hasta nuestros días. A finales del siglo XIX, la ciencia se distanció de la religión, frente a la necesidad de cerrarse al conocimiento autónomo1,2.

En los últimos veinte años, estudios sistematizados y bien dirigidos pasaron a identificar una relación positiva entre R/E y salud. Los estudios sugieren que R/E puedan tener un efecto protector sobre la salud y parecen influir en la salud física y mental de varias maneras: a) por medio de reglas de convivencia y reducción de comportamientos perjudiciales para la salud, como el abuso del alcohol y drogas, comportamiento violento o sexual de riesgo; b) por medio del uso de creencias religiosas como forma de lidiar con situaciones adversas, como una enfermedad; c) por medio de la creación de una red de apoyo social1-3.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima para la próxima década un aumento considerable de la participación de los trastornos mentales entre las principales causas de años de vida perdidos por muerte o incapacidad. El trastorno bipolar del humor (TBH) estará entre las diez principales causas4.


Objetivo

Revisar la literatura científica respecto a la relación entre TBH y religiosidad/espiritualidad.

Método

Las palabras "bipolar", "manía" y "manic" fueron cruzadas con las palabras "religio*" y "espíritu*" en las bases PubMed y PsychINFO, en el mes de noviembre de 2008. También fueron consultados los textos y referencias citadas en Libro de bolsillo de Religión y Salud (Koenig, 2001) y Libro de bolsillo de Religión y Salud Mental (Koenig, 1998). Para la presente revisión fueron seleccionados primero, los artículos que presentaban un diseño metodológico adecuado y que investigaban directamente R/E y TBH.


Resultados

Fueron encontrados 122 artículos publicados entre los años 1957 y 2008, visto que los estudios realizados hasta la década de 1970, en su mayoría, ven en la espiritualidad una evidencia de enfermedad mental. Predominan los relatos de casos derivados en delirios de contenido místico, creencias y conversiones religiosas y los estudios realizados a partir de la década de 1980 son más amplios, abarcando otros aspectos de relación R/E y TB.

Los estudios más relevantes fueron distribuidos por temas, ellos son: delirios místicos, R/E, coping religioso y espiritual (CRE), recursos comunitarios e intervenciones religiosas y comunidades tradicionales.


Delirios místicos

Los autores clásicos de la primera mitad del siglo XX señalaban la esquizofrenia y la epilepsia como los trastornos mentales más frecuentemente relacionados con sentimientos y síntomas religiosos. Emil Kraepelin, en 1929, llamó la atención a la significativa aparición de síntomas religiosos entre pacientes bipolares5.

En un estudio transversal de 1966, Sedman y Hopkinson6 estudiaron a 12 pacientes, siendo siete esquizofrénicos y tres bipolares: evaluaron la aparición de experiencias por influencia, alucinaciones, experiencias de conversión y cambios de humor, acompañados por experiencias místicas y religiosas. Durante el estudio, se dieron cambios de humor en los tres pacientes bipolares con cuadros maníacos acompañados por experiencias místicas y religiosas. Cuatro de los pacientes esquizofrénicos presentaron períodos de subidas y bajadas de humor, visto que en tres de ellos tales fases de cambios de humor fueron acompañadas también por experiencias místicas y religiosas.

Cothran y Harvey7, en un estudio transversal de 1986, compararon a 23 pacientes esquizofrénicos y 18 bipolares, sin embargo, no identificaron diferencias en las características de los delirios. La incidencia de los delirios de contenido místico en este estudio fue igual en ambos trastornos.

Brewerton8, en un estudio transversal de 1994, examinó a 50 pacientes entre maníacos, esquizofrénicos, esquizofrénicos con alteraciones electroencefalográficas, deprimidos bajo depresión psicótica y pacientes con síntomas psicóticos secundarios por el uso de sustancias, siendo cada grupo representado por diez pacientes. Los delirios religiosos fueron encontrados en todos los trastornos, con predominio en pacientes maníacos, seguidos por pacientes con psicosis secundarias por el uso de sustancias psicoactivas y esquizofrénicas con alteraciones electroencefalográficas.

En un estudio transversal de 1999, Appelbaum et al.9 al entrevistar a 1.136 pacientes extremos internados, encontraron 328 pacientes delirantes: de 93 pacientes con delirios religiosos, el 35,5% tenían diagnóstico de esquizofrenia, el 32,9% trastorno bipolar y el 14,3% trastorno depresivo.

Getz et al.10, en un estudio transversal de 2001, estudiaron la influencia de la actividad religiosa sobre la intensidad de los delirios místicos en pacientes cristianos con psicosis. Examinaron a católicos, protestantes y pacientes sin afiliación religiosa y encontraron que los pacientes protestantes experimentaban más delirios que los demás, aunque no habían ocurrido diferencias en la intensidad de estos. Sin embargo, cuando los grupos fueron recombinados, los pacientes más religiosamente activos experimentaron delirios místicos más intensos.

Hempel et al.11, en un estudio transversal de 2002, examinaron a 148 pacientes de una institución penal, 18 de ellos glosolálicos. Según los autores, todos los pacientes glosolálicos eran portadores de trastornos de espectro bipolar, con delirios religiosos o sexuales e hiper-religiosidad.

Algunos autores atribuyen a pacientes bipolares la mayor frecuencia de delirios religiosos y místicos, otros destacan igual prevalencia entre bipolares y esquizofrénicos. Koenig3, sin embargo, señala una diferencia cualitativa entre los delirios de uno y de otro: los pacientes bipolares presentan delirios religiosos con intensificación de sus creencias normales y los pacientes esquizofrénicos tienen delirios místicos autistas y extraños.


Religiosidad y espiritualidad

La R/E entre personas portadoras de trastornos mentales ha suscitado poco interés todavía entre los investigadores y médicos. Una de las más importantes obras dedicadas al TBH, en su segunda y reciente edición, hace una brevísima referencia a la relación entre TBH y R/E. Los autores resaltan que el posible efecto protector de creencias y prácticas religiosas no ha sido estudiado en individuos con TBH12.

En 1969, en los Estados Unidos, Gallemor et al.5 realizaron un estudio transversal involucrando a 62 pacientes bipolares y 40 sujetos de control de la misma edad y sin antecedentes de trastornos mentales. Se realizó una entrevista estructurada abarcando cuestiones relativas a la denominación religiosa, la educación religiosa, el interés y la vida religiosa, además de la postura familiar. Fueron observados períodos de duda y agnosticismo entre los entrevistados. Los datos para ambos grupos fueron comparados demostrando una mayor frecuencia de casos de conversión y experiencias de salvación entre los pacientes bipolares, tanto encontrándose bien como en el período crítico de la enfermedad.

De modo semejante Koenig3 observó entre pacientes bipolares una mayor incidencia de experiencias místicas en sus vidas religiosas, lo que podría estar relacionado con el incremento de la afectividad.

Un estudio transversal de 2003, realizado por Mitchel y Romans13 en Nueva Zelanda, involucró a 147 pacientes bipolares. A estos pacientes se les envió un cuestionario de creencias religiosas, espirituales, filosóficas y prácticas religiosas. Recibieron 81 (55%) respuestas completas. La identidad étnica predominante era de origen europeo (73,9%), seis (7%) eran de la etnia maorí y cinco (6%) de otros grupos étnicos. La mayoría (94%) indicó algún tipo de conocimiento religioso, espiritual o filosófico respecto al mundo y comentó el uso de sus creencias para lidiar con su enfermedad, el 45% dijeron ser cristianos de varias denominaciones. En cuanto a la práctica religiosa, los evangélicos fueron los más involucrados que los denominados tradicionales y liberales. Aquellos que no estuvieron bien en los últimos cinco años referían una mayor implicación religiosa, pero sus creencias no los ayudaron a lidiar con la enfermedad. No fueron observadas diferencias entre edades y géneros. Se encontró una relación significativa e inversa entre la intensidad de la creencia y el cumplimiento de las prescripciones médicas, aquellos con mayores creencias eran peores cumplidores de las prescripciones médicas. Dieciséis pacientes (20%) explicitaron una reducción de su fe con el surgimiento de la enfermedad.

Dantas et al.14, en un estudio retrospectivo realizado en 1999 en Brasil, investigaron el papel de las creencias y prácticas religiosas sobre la enfermedad mental. El trabajo aportó datos socioculturales y síntomas psicopatológicos asociados a la presencia y la intensidad de síntomas con contenidos religiosos. Para ello, revisaron doscientas interacciones consecutivas realizadas en el hospital universitario. La media de edad de los pacientes fue de 34,4 ± 13,7 años, con un 46% de hombres (n = 92) y las denominaciones religiosas se distribuyeron entre católicos, 59,5% (n = 119), protestantes, 20,5% (n = 41) y otros, 20,0% (n = 40). En cuanto al diagnóstico psiquiátrico: esquizofrenia, 28,0% (n = 56), depresión, 24,0% (n = 48), manía, 19,0% (n = 38), neurosis y trastornos de la personalidad, 9,5% (n = 19) y otros, 19,5% (n = 39). No hubo diferencia estadísticamente significativa entre los grupos religiosos en cuanto al diagnóstico y la puntación media en la escala Brief Psychiatric Rating Scale (BPRS). Los síntomas religiosos estuvieron presentes en 28 pacientes (15,7%), en su mayoría con síntomas de espectro maníaco, mostrando significativa correlación entre síntomas y estados maníacos y experiencias místicas.

Kirov et al.15, en un estudio transversal de 1998 en Inglaterra, investigaron en 49 pacientes (33 esquizofrénicos y 16 bipolares) cómo la enfermedad psicótica influenció su fe religiosa y cuántas creencias y prácticas religiosas fueron usadas como coping. La muestra tuvo una importante participación afro-caribeña y altos niveles de actividad religiosa. De los 49 individuos, 34 se declararon religiosos y 15 no religiosos. La mayoría de los que dijeron ser religiosos comentaron haber usado su religión como coping (61,2%) y fue observado un aumento de creencias religiosas en 12 individuos y una disminución en 2, después de la enfermedad. Tres variables estuvieron relacionadas de manera significativa con la mayor frecuencia de coping: ser mujer, no blanca y tener TBH. En consonancia con los autores, los pacientes con mayor frecuencia de coping presentaron mejor visión propia de su enfermedad, resultando en una mayor adhesión al tratamiento medicamentoso. La experiencia de la enfermedad mental contribuyó al incremento de las creencias religiosas en este estudio.

Soeiro et al.16 publicaron en 2008, en Brasil, un estudio transversal que investigó la relación entre la prevalencia de trastornos mentales, denominación religiosa y religiosidad. Acreditaron 253 pacientes de un hospital general aplicando un cuestionario sociodemográfico y un instrumento para el diagnóstico de trastornos mentales (MINI-plus): en cuanto al grado de religiosidad referido, 116 (43,2%) personas dijeron ser muy religiosas, 129 (46,9%), religiosas, 27 (9,8%), poco religiosas y 3 (1,1%), no religiosas. La intensidad de involucración religiosa estuvo moderadamente asociada con la mayor aparición de trastornos mentales, sobre todo con el trastorno bipolar. Los pacientes no religiosos y muy religiosos estuvieron relacionados con una mayor enfermedad mental cuando fueron comparados con personas religiosas.

Varios autores señalan una menor aparición de síntomas religiosos y místicos en los cuadros depresivos, con una relación inversa entre síntomas religiosos y depresivos. Frecuentemente, creencias y prácticas religiosas se relacionan con menores índices de síntomas depresivos. Los síntomas psicóticos en cuadros depresivos pueden tener un efecto difuso sobre las creencias religiosas de las personas. Predominan los delirios de culpa, infravaloración y decaimiento, pudiendo tomar un significado religioso para el paciente. Las personas deprimidas tienen una menor frecuencia de experiencias religiosas y menor creencia en Dios, con mayores sentimientos de culpa por la falta de fe o la pérdida de la misma14, 15.

Los estudios evidencian la especial importancia de los aspectos religiosos y místicos en la vida de los pacientes bipolares, por la mayor frecuencia con que usan sus creencias religiosas para lidiar con situaciones de estrés y con su dolencia. Gallemore et al.5 señalaron diferencias entre ciertos aspectos de la R/E en pacientes bipolares y controles normales, con mayor frecuencia de experiencias de conversión y salvación. Koenig3 señaló la mayor incidencia de síntomas místicos y lo atribuyó a las peculiaridades afectivas de la enfermedad. Dantas et al.14 encontraron una relación significativa entre síntomas maniáticos y síntomas místicos. Kirov et al.15 encontraron entre las mujeres no blancas y portadoras de TBH la mayor frecuencia de uso de coping religioso y espiritual en su estudio. Soeiro et al.16 señalaron el TBH como el trastorno mental más frecuente asociado a la intensidad de la implicación religiosa. En suma, queda verificado por la literatura disponible la significativa relación del TBH con las más frecuentes experiencias religiosas y espirituales, así como mayor influencia de RE en sus vidas.


Coping religioso y espiritual

Coping puede significar lidiar, manejar, adaptarse o enfrentar. Se trata de un proceso de interacción entre el individuo y el ambiente, con la función de reducir o soportar una situación estresante que exceda los recursos del individuo. Coping religioso y espiritual (CRE) es el modo en cómo las personas utilizan su fe en situaciones de estrés y dificultad en sus vidas18.

Reger y Rogers19, en 2002 en los Estados Unidos, estudiaron CRE entre personas con trastornos mentales crónicos. El estudio investigó el número de estrategias usadas, el tiempo de uso y la percepción de haber sido ayudado. Participaron en el estudio 415 personas con trastornos mentales persistentes, siendo 149 (36%) esquizofrénicos, 80 (19%) depresivos, 69 (17%) esquizoafectivos, 58 (14%) bipolares y 59 (14%) con otros trastornos psicóticos, del humor y ansiedad. Los resultados señalaron alta prevalencia e importancia del uso de CRE en la muestra. Para los autores el CRE fue más evidente, duradero y variado en pacientes esquizofrénicos, esquizoafectivos y bipolares. Estos pacientes usaron el CRE por más tiempo y percibieron más beneficios al lidiar con frustraciones y dificultades diarias.

Phillips y Stein20, en 2007 en los Estados Unidos, investigaron el CRE y su relación con las variables demográficas y religiosas en un estudio longitudinal, con un grupo de control de estudiantes universitarios y duración de un año. Fueron estudiados 48 adultos jóvenes esquizofrénicos y bipolares. Utilizaron tres subescalas de RCOPE (Pargament et al., 2000): una de CRE positivo y dos de CRE negativo. Aquellas con trastorno mental grave usaron las mismas formas de CRE que los jóvenes del grupo de control. Fue entonces estadísticamente significativo el uso de CRE negativo entre los individuos con trastorno mental grave en el momento inicial del estudio. Los autores llaman la atención al hecho de que personas con trastorno mental grave usan formas de CRE positivas y negativas, aunque las formas negativas merecen atención por traer un prejuicio significativo para los pacientes.

Pollack et al.21, en un estudio transversal de 2000 en los Estados Unidos, compararon a 80 individuos blancos y 42 negros bipolares hospitalizados y encontraron, entre los pacientes negros, mejores recursos internos cognitivos, emocionales y espirituales. El enfrentamiento más frecuente a situaciones adversas, una visión más positiva de los problemas y una mayor preocupación religiosa durante la educación, fueron señalados por los autores, como aprendizajes que persistieron en la vida adulta.

En pacientes bipolares el CRE es frecuentemente utilizado, muchas veces benéfico y variado. Son utilizadas estrategias de coping positivas que resultan en bien estar, confianza y calma. Pero también negativas que implican culpa, miedo y autodesvalorización, sentimientos desaventajados para la salud psíquica. Las actividades psicoeducacionales pueden orientar estrategias de CRE con importante beneficio para pacientes religiosos.

Recursos comunitarios e intervenciones religiosas

Un importante salto de calidad en el tratamiento del TBH se dio con el uso de las sales de litio y otros estabilizadores del humor. Sin embargo, aún son frecuentes las recaídas. Varios autores han demostrado la importancia de la asociación del tratamiento farmacológico con abordajes psicosociales21.

Pollack et al.22 llaman la atención a la relevancia en cuestiones como la adhesión al tratamiento y estresantes capaces de precipitar nuevos episodios. Han sido relacionados varios factores con una mayor aparición de TBH: soporte social inadecuado, desajuste en actividades sociales y de ocio, mala calidad de las relaciones interpersonales, principalmente familiares.

Chakrabarti et al.23, en 1992, en la India, estudiaron a 90 pacientes portadores de trastornos del humor y observaron que la sobrecarga referida por familiares de pacientes bipolares, era mayor que la referida por familiares de pacientes depresivos. Esta mayor sobrecarga era atribuida a los reflejos sociales causados por la aparición de manías. El número de episodios maniáticos, la duración de la enfermedad, la severidad y la disfunción de las fases fueron determinantes de la mayor sobrecarga.

Stueve et al.24, en 1997, en los Estados Unidos, investigaron la sobrecarga percibida por los cuidadores negros, blancos y latinos de pacientes bipolares. Los negros tendieron a referir menor sobrecarga que los blancos y latinos. Entre ambas causas señaladas, estaba el mayor desarrollo religioso identificado entre los negros, lo que funcionaba como un importante recurso de coping y red de apoyo social y emocional.

Phillips et al.25, en un estudio abierto y no controlado de 2002, en los Estados Unidos, utilizando recursos religiosos, métodos de coping y técnicas de grupo, desarrollaron un programa de tratamiento dirigido a personas con trastornos mentales graves. Fue seleccionado un grupo de diez pacientes, todos blancos, la mayoría del sexo femenino, portadores de varios trastornos mentales. El programa de tratamiento fue constituido por siete encuentros semanales de 90 minutos de duración cada uno y en formato psicoeducacional. Fueron abordadas cuestiones relacionadas con conflictos espirituales, recursos religiosos y su influencia sobre la enfermedad. Los participantes refirieron una mayor comprensión de sus sentimientos, de sus preocupaciones espirituales y relaciones interpersonales.

La preocupación con el desarrollo de estrategias psicosociales gana cada vez mayor importancia para quien trabaja y a quien investiga sobre TBH. La calidad del soporte social, de las actividades sociales y de las relaciones interpersonales ha sido relacionada con una menor aparición de la enfermedad. Es probable que R/E hagan diferencias entre pacientes bipolares al proporcionar, con frecuencia, soporte social y relaciones interpersonales de buena calidad.


Comunidades tradicionales

Las comunidades tradicionales, con frecuencia, relacionan trastornos mentales con causas espirituales. Sus creencias acerca de la salud y la enfermedad no son substituidas por conceptos médicos, lo que debe ser considerado en la administración del tratamiento. En un estudio en Nueva Zelanda sobre religiosidad y coping, las personas de la etnia maorí, refirieron conflictos entre su comprensión de la enfermedad y el modelo médico occidental, con prejuicios en el cumplimiento del tratamiento13,26.

Raguram et al.26, en un estudio abierto y no controlado en 2002 e la India, describieron el tratamiento de 31 personas con trastornos psicóticos graves, de entre los cuales, tres pacientes eran bipolares. Los pacientes fueron tratados en un templo hindú durante seis semanas, sin el uso de terapias biológicas. Los autores observaron una reducción del 20% en las puntuaciones de los síntomas psiquiátricos medidos por la escala BPRS.

Egeland et al.27, en un estudio abierto y no controlado realizado en 1983 en los Estados Unidos, revisaron algunos de los factores culturales más comunes y relevantes para el diagnóstico del TBH entre los Old Order Amish (amish). Los amish forman una comunidad religiosa cristiana bastante tradicional en sus usos y costumbres. Un médico no familiarizado con la cultura puede tener dificultad para identificar una fase maniática. También la temática religiosa de una persona de otra cultura puede ser fácilmente tomada por experiencia psicótica. El diagnóstico de esquizofrenia en pacientes bipolares amish fue recurrente por largo tiempo, en razón del desconocimiento o desvalorización de las diferencias culturales.

Muchos pacientes bipolares relataron conflictos significativos entre médicos y consejeros religiosos sobre cómo entender y lidiar con su enfermedad. Es frecuente que psiquiatras, psicólogos y otros profesionales de salud mental ignoren o critiquen las creencias religiosas de sus pacientes. También es frecuente que los líderes religiosos tengan reservas en relación a los tratamientos de salud mental. Sin embargo, los pacientes psiquiátricos dan una gran importancia a sus creencias y atribuyen a ellas un papel importante para lidiar con su enfermedad. Varios autores han identificado problemas para pacientes que han sido un modelo de enfermedad muy diferente de sus médicos, resultando en peor adhesión al tratamiento. Los resultados sugieren ser esta un área que merece esfuerzos en el sentido de reducir las incertidumbres existentes15,17.

Las comunidades tradicionales llaman la atención a la diversidad cultural y los paradigmas diferentes de enfermedad. Los maoríes tuvieron menor adhesión al tratamiento en razón de su comprensión de la enfermedad, muy diferente del modelo médico occidental. Los amish fueron diagnosticados erróneamente durante décadas en razón de las diferencias culturales no consideradas13,27.


Discusión

Manía y depresión son dos momentos de un mismo trastorno mental, y los síntomas psicóticos son una evidencia de la gravedad de esos momentos (fases). En esta revisión, la literatura trató frecuentemente el TBH como parte de los trastornos psicóticos y escasamente lo relacionó con la depresión5-9.

A pesar de la importante prevalencia y gravedad del TBH, su relación con R/E aún es poco conocida. Los estudios obtenidos apuntan a una mayor aparición de la conversión religiosa y experiencias de salvación entre pacientes bipolares que entre pacientes con otros trastornos mentales, además de una mayor frecuencia de delirios de contenido místico durante la vigencia de la manía5,7,9,14-16.

Los pacientes bipolares están entre aquellos que con mayor frecuencia utilizan CRE, pero no se sabe si predominan CRE positivo o negativo. Todavía se conoce poco sobre las estrategias de CRE usadas por estos pacientes y cómo lidiar con su R/E en su beneficio13,19-21-

No se sabe si R/E y CRE podrían influenciar la adhesión al tratamiento y reducir la aparición de fases de la enfermedad o la necesidad de internación hospitalaria en una realidad socioeconómica, cultural y religiosa como la latinoamericana. No se encontró en la literatura ningún estudio comparado R/E y CRE en pacientes bipolares maníacos, eutímicos o depresivos, lo que deja en abierto muchas cuestiones relacionadas con la enfermedad y la religiosidad en el TBH.

Frente a la frecuencia con que los pacientes bipolares se llaman religiosos, las estrategias de tratamiento psicosocial de contenido espiritual pueden constituirse en una forma de ayuda y dar calidad al tratamiento farmacológico19-21,26,27.

Los estudios acerca de comunidades tradicionales y grupos étnicos abordan conflictos de paradigmas de enfermedad entre pacientes y profesionales de la salud. Estas investigaciones apuntan a la repercusión negativa de este conflicto sobre el tratamiento, pero también apuntan a la posibilidad de conciliación de estrategias de tratamiento asociadas al respeto por las creencias y cultura locales. Los beneficios de una asociación entre los recursos de la medicina convencional y otras tradiciones deben ser consideradas en nombre del bienestar de muchas personas con creencias religiosas y espirituales13,15,26,27.

Para algunos autores, los delirios místicos son más asiduamente encontrados entre bipolares y esquizofrénicos. Sin embargo, existe en la literatura de gran parte del siglo XX un factor que dificulta el diagnóstico diferencial entre esquizofrenia y TBH, al infravalorar el diagnóstico del TBH durante muchas décadas. A medida en que el TBH está siendo identificado más frecuentemente, también su relación con R/E se ha vuelto más clara5-9,14,16,17.

En esta revisión hay tres estudios que indican igual aparición de delirios místicos y religiosos entre pacientes bipolares y esquizofrénicos. Otros cinco estudios señalan la coincidencia entre síntomas maníacos y mayor aparición de síntomas místicos6-9,11,14-16. El estudio de Sedman y Hopkinson6 apunta hacia una frecuente coincidencia entre la aparición de delirios místicos y alteraciones del humor. A pesar de la pequeña muestra, los tres pacientes diagnosticados como bipolares y tres de los cuatro pacientes diagnosticados como esquizofrénicos, presentan delirios místicos durante el período de exaltación del humor. Esta misma correlación entre delirios y síntomas maníacos fue señalada por Dantas et al.14.

Koenig17 defiende, en una reciente revisión, que los delirios religiosos existen en un continuum entre creencias normales y fantásticas. Su mayor aparición estaría ligada a factores como el diagnóstico, gravedad del trastorno mental e intensidad de la implicación religiosa del individuo.


Conclusión

Existen evidencias de una mayor preocupación e implicación religiosa y espiritual entre pacientes bipolares, también es más frecuente el uso de CRE que en otros trastornos mentales. Por esta razón, el número de estudios sobre prácticas religiosas saludables y recursos de CRE, merece ser ampliado así como su relación con la adhesión al tratamiento y las apariciones del trastorno.

Estudios longitudinales con pacientes bipolares examinados en sus fases de manía, eutimia y depresión podrán esclarecer aspectos todavía oscuros de la R/E en el TBH.

Las estrategias psicoeducacionales y psicoterapéuticas que aborden cuestiones espirituales, se pueden constituir en un importante instrumento en el tratamiento de personas con TBH. Es importante conocer técnicas de psicoeducación de base espiritual usadas con éxito en otras culturas y desarrollar técnicas aplicables a una realidad afro-latino-americana como la brasileña, rica en sus manifestaciones religiosas y en el papel en que R/E ejercen en la vida de las personas y de sus comunidades.


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