Depresión: desconexión integral

Dr. Jaider Rodrigues de Paula

Psiquiatra


CONCEPTO

Es un trastorno del humor, con baja de la actividad general, llevando al sufrimiento íntimo profundo, desesperanza, falta de fe en Dios, en sí mismo y en la vida.


ETIOPATOGENIA

La ciencia médica todavía no tiene, claramente, el conocimiento del origen de la depresión. Se habla de disturbios de los neurotransmisores a nivel del sistema nervioso central, de herencia genética de presión social, frustraciones, perdidas precoces importantes y otras más; sin embargo, aunque todas las posibilidades anteriores sean verdaderas como desencadenantes, no explican por qué algunos individuos, sufriendo las mismas circunstancias, no desarrollan un cuadro depresivo. Todas las posibilidades anteriores son efectos y no causas.

La causa de la depresión prevalece en el alma y no sólo en el cuerpo físico. El conflicto del deprimido se remonta a causas pretéritas, probablemente lejanas, con repercusión en el presente. El quid de la cuestión se une a la no identificación del amor divino y de la paternidad del Creador. Por eso la rebeldía tan común en el deprimido.

Se rebelan contra las leyes, desprecia su propia vida, no estando de acuerdo en haber sido creado, va con facilidad al suicidio; del 10 al 15% de los deprimidos se suicidará. En un acto de rebeldía extrema intentan devolver la propia vida al Creador.

Adán y Eva no representan un simple mito, pero sí la dura trayectoria de la humanidad.

El deprimido presenta dos características: egoísmo y agresividad. Egoísmo por creer que su dolor es el mayor del mundo y agresividad dirigida principalmente contra sí mismo. No piensan que sus actos harán sufrir a los que se quedan.

La esencia de la existencia es el eslabón Criador-criatura, Padre-hijo. La ruptura de este eslabón por el deprimido suicida es extremamente sufrida, pues, tal vez, repite el desenlace ocurrido en otro momento, cuando la separación Padre e hijo. Por eso las perdidas precoces hablan alto al corazón del deprimido.

Entendemos que la primera caída forma un cliché mental en la vida del espíritu, de modo que habría una tendencia neurótica a la repetición del mismo error durante las futuras reencarnaciones. Están inherentes en el periespíritu las matrices de la depresión, y el cuerpo físico refleja el cuerpo espiritual. Si el reencarnante trae esculpido en su psicosoma las matrices de la depresión, ellas influenciarán activamente en la selección genética de los elementos que podrán realizarla en la vida física, si el interesado desea. Las enfermedades son efectos y no causas.

Adán y Eva no representan un simple mito, 

pero sí la dura trayectoria de la humanidad. 

Así podemos decir que, de manera general, la no identificación del Amor Divino y del Padre, lleva a la falta de fe, y esta, a la inseguridad que despierta el egoísmo, como defesa. Las protuberancias del egoísmo son la vanidad, el orgullo, la envidia, la rebeldía. Y observando, vamos a encontrar como punto central de la mente de los encarnados una de estas protuberancias como núcleo motor de la personalidad. Si es la rebeldía, la tendencia puede ser la depresión. La tasa que predomina es de 7 a 17 %, y el gen participante es dominante y se encuentra en el cromosoma 11; aunque hay una tendencia entre los genetistas en aceptar como más probable una interacción poligénica.


TRATAMIENTO

El tratamiento debe ser completo, holístico. Con fines didácticos diremos: médico, psicológico, social y principalmente espiritual. El tratamiento médico es imprescindible en la fase crítica, y el uso de antidepresivos es decisivo para restablecer la fase aguda.

El conocimiento no nos exime de las tendencias adquiridas en los procesos evolutivos.

El gran percance fue no identificar la paternidad Divina, el Amor del Padre. Porque unos lo identificaron y otros no, aunque no lo sabemos. Por eso la falta de fe está en la raíz de los males de la humanidad. Dice el evangelio que la fe es la madre de las virtudes, el camino de la redención. "Que aquel que tiene fe cree más en su Creador que en sí mismo.

Como dijimos anteriormente, la falta de fe llevó a la inseguridad, esta despertó el egoísmo, como defesa, y esta sus protuberancias: orgullo, envidia, vanidad, rebeldía. Movido por uno de estos sentimientos, el espíritu en evolución en la tierra, optó creando el karma en su existencia. Esta primera opción creó un cliché mental que pasó a influenciar sus futuras decisiones. En el deprimido encontramos una rebeldía contra su Creador.

Como no puede destruirlo, intenta destruirse, destruyéndolo en sí. Su creencia se dirige hacia lo negativo, está muy orientado para sí y sus males; muy egoísta. Seduce al mundo con su dolor; es poco responsable en sus actos, aunque parezca lo contrario; tiene dificultad en el auto y eterno perdón; es perfeccionista por orgullo y vanidad; tiene convicción en el fracaso; presenta extrema agresividad hacia los demás; se venga de Dios y de los que lo aman. El 70% piensa en el suicidio y del 10 al 15% lo cometen. Vive sintiéndose culpable por recapitular el primer error que cometió. Está lleno de remordimiento por cosas absurdas; muchas enfermedades son originan en el o tienen se desarrollan con celeridad.

El deprimido se niega a vivir, disipa sus energías vitales en las reflexiones negativas, y los órganos más afectados son los pulmones e intestinos; en el pasado era común que los deprimidos románticos murieran de tuberculosis. Los pulmones captan los fluidos vitales solares y los intestinos absorben los alimentos y excretan los residuos. Así que, el centro de fuerza más afectado es el umbilical por ser el centro de las emociones.

La depresión es la tristeza deteriorada. El doble etérico está gravemente afectado presentando dificultad en hacer circular las energías necesarias para la vida. El aura es grisáceo mostrando una existencia sin vida. Para el tratamiento tenemos que realizar ejercicios respiratorios, haciendo respiraciones profundas, mejorando la captación de la vitalidad y disolviendo las energías negativas.

La alimentación debe estimular el buen funcionamiento de los intestinos, tales como frutas, verduras, baños de sol en horarios convenientes, evitar el alcohol, el humo y los excesos de carne. Pases fluídicos en los centros de fuerza genésico, esplénico y gástrico. Hacer ejercicio físico, como caminar, natación u otros saludables.

Ejercitar la mente de manera consciente para mirar el lado bueno de las personas y de las cosas. Hacer meditación, relajaciones y pequeñas tareas en favor de los semejantes, salir de sí.

Hay otro aspecto muy interesante, abordado por el Espíritu François de Genève, en el capítulo V, de "El Evangelio según el Espiritismo": Se sabe que algunos neurotransmisores están involucrados en la depresión, tales como: noradrenalina, serotonina, dopamina y otros. El uso de los antidepresivos establece la armonía químico cerebral, mejorando el estado de ánimo del paciente. Cuidan simplemente del efecto, pues los medicamentos no curan la depresión; probablemente restablecen el tránsito de los mensajes neuronales, mejorando el funcionamiento neuroquímico del SNC (sistema nervioso central).

La parte orgánica también debe ser cuidada, en especial cuando está muy afectada. De manera general, mejorando el humor, todo el organismo tiende a mejorar. Hay que tener mucho cuidado con los procesos depresivos, porque varias afecciones enfermizas suelen ganar manifestación en el organismo después o simultáneamente a una depresión, pues el sistema inmunológico está profundamente afectado por ella. El tratamiento psicológico adquiere importancia por el hecho de auxiliar en el autoconocimiento, en las resoluciones de conflictos y toma de posición delante de los problemas.

La orientación social es necesaria en especial en ese porcentaje de deprimidos (20%), que presentan secuelas profesionales después de varias crisis. Pierden empleos, familia y consideración social, entrando en un círculo vicioso agravante de su problema. El tratamiento espiritual es importantísimo porque el "espíritu es el fundamento de la vida". Cuando no valoramos el tratamiento espiritual, los resultados acostumbran a ser precarios, las recaídas constantes, con una tendencia al envejecimiento precoz.

Resumiendo, diríamos que, con la adquisición del libre albedrío, el ser adquirió el sagrado derecho de la conducción de su destino. Para que esto ocurra dentro del espíritu de justicia que guía el cosmos, no puede ser influenciado por el atavismo biológico y psicológico en sus primeras decisiones. No sería justo condenar a quien tuvo por circunstancias evolutivas, matar para vivir, en la cadena depredadora de la vida.

"Contra nuestros anhelos de luz, hay milenios de tinieblas". Por eso, un día en otro lugar, en la primera opción consciente el espíritu tiene que ser libre de cualquier influencia pretérita, para que podamos hablar de libre albedrío.

Buscar la mejor convivencia familiar y en el trabajo, desarrollando el sentimiento de gratitud con las personas, con la vida, con el Creador. Cultivar la oración regularmente restableciendo la comunión con Dios, el hábito de lecturas nobles, mejorando el patrón vibratorio y estimulando el sentimiento de esperanza.

No podemos olvidar las obsesiones espirituales que tienen los deprimidos, fértil terreno para su asentamiento.

Para terminar, Jesús, el médico de las almas, cuando nos invitó al camino de regreso al seno del Padre, dijo: "Venid a mí, todos los que estáis cansados y oprimidos, y Yo os aliviaré, tomad sobre vosotros Mi yugo, y aprended de Mí, que Soy manso y humilde de corazón; y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque Mi yugo es suave y Mi carga es leve. (Mateo, 11:28 a 30)

"¿Sabéis porque a veces una vaga tristeza se apodera de vuestros corazones y os lleva a considerar amarga la vida? Es que vuestro Espíritu, aspirando a la felicidad y a la libertad, se agota, ligado al cuerpo que le sirve de prisión, en y que el esfuerzo de salir de él, reconociendo inútiles esos esfuerzos, cae en el desánimo y cómo el cuerpo sufre la influencia, le lleva a la laxitud, el abatimiento, una especie de apatía, y os juzgáis infelices.